mañanas de mini-sonrisas

Sí, las caras de los niños en la mañana de Reyes no tienen precio. Verlos flipar de esa manera, nos alegra el día a todos.

Pero, no nos engañemos, más de uno y más de dos (sí, hablo por mí) se levanta mirando de reojillo los regalos intentando descubrir qué hay dentro antes incluso de abrirlos y se sigue poniendo nervioso/a esperando que esté la familia al completo para llegar al ritual de abrir los paquetitos todos juntos.

Por pequeño, barato y mal envuelto que esté el regalo, da mucho gustico gastar un poco de nuestro tiempo en regalar un poquito de ilusión al prójimo.

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